
Cuando el papa León XIV fue elegido tras el doloroso final del pontificado del papa Francisco, había esperanza de que un papa más joven y saludable pudiera guiar a la Iglesia católica durante bastante tiempo antes de que la edad y las dolencias lo frenaran.
El diagnóstico de cáncer de pulmón de León, anunciado el martes, ha puesto un signo de interrogación sobre esa idea y sobre su pontificado. Ya el presidente de Perú está sugiriendo que el próximo viaje de León a América Latina quizá tenga que modificarse.
Sin embargo, observadores del Vaticano señalan que el diagnóstico del pontífice, de 71 años, podría tener otros efectos imprevistos, no todos negativos: podría impulsar a León a acelerar su propia agenda, que hasta ahora ha sido lenta y deliberada. También podría blindar el apoyo hacia el papa, reforzando sus esfuerzos por unificar a la fracturada Iglesia católica.
Y, de la manera más conmovedora para su propio ministerio, el diagnóstico ha colocado a León de lleno entre los “frágiles” y “vulnerables” que han surgido como su foco central. En sus homilías, escritos e interacciones con los fieles de a pie, las personas heridas ocupan el centro de la escena.
“Hay algo realmente hermoso en que incluso la persona más poderosa de la Iglesia esté quebrada”, comentó Natalia Imperatori-Lee, profesora asociada de teología en la Universidad Fordham. “Ha sido muy, muy elocuente sobre cómo nuestra fragilidad también es una fuente de nuestra fortaleza”.
León tenía 69 años cuando fue elegido en 2025, relativamente joven en comparación con sus dos predecesores más inmediatos.
El papa Francisco tenía 76 años cuando fue elegido en 2013 y, de joven, le habían extirpado parte de un pulmón. Francisco enfrentó problemas respiratorios y de movilidad durante todo su pontificado y murió en 2025 tras una larga hospitalización por neumonía bilateral.
El papa Benedicto XVI tenía 78 años cuando fue elegido en 2005 y se retiró después de ocho años porque, sencillamente, ya no podía continuar.
León fue elegido en gran parte porque se le veía como alguien que estaría el tiempo suficiente para estabilizar y unificar la Iglesia tras el turbulento papado de Francisco y, en particular, poner en orden las finanzas del Vaticano. Aportó un vigor juvenil al papado, subiendo de dos en dos las escaleras de la plaza de San Pedro y escapándose al campo cada semana para jugar al tenis y nadar.
“Es un gran signo de interrogación sobre la inversión que muchas personas han hecho en este pontificado: una inversión emocional, una inversión política, incluso una inversión financiera”, manifestó Massimo Faggioli, teólogo en la alma mater de León, la Universidad de Villanova en Pensilvania.
Señaló que León ha surgido como un poderoso contrapeso al gobierno de Trump al predicar un mensaje de paz mientras Estados Unidos e Israel iniciaban una guerra contra Irán. Se ha convertido en una respetada autoridad moral sobre la necesidad de salvaguardas en la inteligencia artificial.
Y, aun así, “hasta el papa contrae el ‘emperador de las enfermedades’: el cáncer”, expresó.
Pero, suponiendo que León se recupere por completo —y los oncólogos dicen que su tipo de cáncer de pulmón tiene el mejor pronóstico—, León podría emerger aún más fuerte como figura global.
“El misticismo del sobreviviente es muy fuerte en nuestra cultura”, sostuvo Faggioli.
Los médicos dijeron el miércoles que su recuperación avanzaba con normalidad. Caminó por su habitación del hospital, celebró misa e hizo fisioterapia respiratoria mientras, afuera, personas que le deseaban lo mejor rezaban el rosario pidiendo por su recuperación.