
El Montecito de los Canichones funciona en un predio ubicado sobre la Ruta Nacional 16, en La Banda, Santiago del Estero, y tiene como misión rescatar, rehabilitar y cuidar perros que fueron abandonados o víctimas de maltrato. Así lo define la propia organización en su sitio oficial.
Durante años, Eduardo Riemersma fue la principal figura detrás de ese funcionamiento. Si bien contaba con un equipo de cuidadores que colaboraba con las tareas diarias, allegados y voluntarios explicaron que gran parte de las responsabilidades recaía personalmente sobre él.
Entre otras tareas, “El Polaco” se ocupaba de gestionar donaciones, conseguir y comprar alimento, trasladar animales al veterinario, supervisar tratamientos y estar pendiente de las necesidades particulares de cada perro.
También participaba directamente del mantenimiento del predio y de la construcción y acondicionamiento de los espacios donde vivían los animales.
Por eso, su muerte generó inmediatamente una pregunta entre quienes conocen el funcionamiento del refugio: ¿quién se hará cargo de todo ese trabajo?
Una de las abogadas que trabajó junto a Riemersma en distintas causas vinculadas al maltrato animal explicó que el refugio funciona como una asociación civil, por lo que existen otras personas vinculadas a la comisión que podrían asumir las responsabilidades necesarias para garantizar su continuidad.
Desde el círculo del refugio también aseguraron que continuarán trabajando para proteger tanto a los animales como al espacio que construyó “El Polaco”.
Sin embargo, todavía quedan cuestiones concretas por definir, especialmente por la magnitud del lugar y la cantidad de perros que necesitan atención todos los días.
Es decir, no se trata solamente de mantener abierto un refugio: hay que garantizar diariamente comida, atención veterinaria, medicamentos, limpieza, mantenimiento y cuidado para cientos de animales.